Abril 9, 2004

Estoy volviendo a escucharla,

la vaina de la "tradicional amistad con los países árabes", que tanto predicamento alcanzó en tiempos de la dictadura. Sólo que ahora la escucho preferentemente en labios de eximios retroprogres.

A ver si un día de estos cae la breva y nos cuentan en qué se fundamenta la susodicha amistad. Porque a mí se me vienen a la cabeza, más que abrazos, agarrás entre nuestro país y los que conforman el mundo árabe:

- Si pienso en Marruecos, me vienen a la mente la Marcha Verde, el asalto a nuestros barcos pesqueros, el acoso a Ceuta, Melilla y las Canarias, la invasión de Perejil, la requisa de periódicos españoles distribuidos en el Reino Alauita, la mafia de las pateras y el hachís...
- Si pienso en Argelia, recuerdo que hasta hace bien poquito era el paraíso de ETA: allí se entrenaban los asesinos, y allí tuvo lugar la infausta reunión entre representantes del Gobierno de González y los cabecillas de la organización terrorista.
- Libia. En fin, no recuerdo que nuestros mandatarios hayan comido lentejas con Gadafi... hasta hace dos días, cuando Aznar se dejó regalar un caballo por Muamar, que al parecer se está quitando (que diría Extremoduro) de eso de financiar a terroristas de toda laya.
- Las organizaciones terroristas palestinas han estado a partir un piñón con ETA desde los años setenta, como recordaba Jon Juaristi en ABC en fechas recientes (14 de marzo)
- España fue uno de los países que más padecieron la crisis del petróleo, provocada por nuestros amigos árabes, que demostraron serlo muy poco por aquel entonces.
- España, por no hacer un feo a los "tradicionales amigos árabes", no estableció relaciones diplomáticas con Israel, la única democracia de Oriente Próximo, hasta (si no recuerdo mal) 1992.
- Aquí se han construido unas cuantas mezquitas financiadas por Arabia Saudí, bastión del wahabismo, una de las doctrinas islámicas más furiabundias y reaccionarias. Sin embargo, los cristianos (españoles o de donde sean) no pueden levantar templos en tierra saudí, ni hacer manifestaciones públicas de su credo (mucho menos hacer proselitismo), a no ser que sientan unas ganas irrefrenables de reunirse con su Dios en las Alturas.

Con amigos como estos, ¿quién necesita enemigos?

Vamos, que cuando escucho la cantilena susodicha, no puedo sino recordar la letra de una coplilla criolla que transcribe Fernando Iwasaki en su delicioso "El descubrimiento de España" (Ediciones Nobel), y que dice algo así como:

Deja que te rompa los pulmones a patadas,
desgracida,
pa' que veas que soy hombre y te perdono.

El amor serrano, pues, dice Iwasaki. Cuanto más te quiero, más te pego.

Pues eso, que no nos quieran tanto. O que nos quieran de tal manera que le dé un mal aire al imán de Fuengirola.


Enviado por Mario Noya el día Abril 9, 2004 6:59 PM
Comentarios

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Enviado por: tau at Abril 12, 2004 6:03 PM

Buenas, shalom...

No, nada en especial. Simplemente que tiene razón, como siempre, y, claro está, eso "jode".

Y para acompañar la vaina de la tradicional amistad con los pueblos árabes (¡¡¿¿??!!), podríamos añadir los fraternales lazos de amistad que nos unen con los pueblos de Iberoamérica (¿¿¿¿¿?????¡¡¡¡!!!!).

Hale, a seguir Camino (Torah, Torat, Tarot, Tao, Dharma, Do...), porque de eso se trata.

Enviado por: ese... at Abril 16, 2004 4:06 PM